Hemos escrito acá sobre maneras de aprovechar las redes sociales, internet, dispositivos electrónicos, etc. Todo eso está bien. Pero a veces en el camino me pongo a pensar en si todo eso es tan necesario como dice todo el mundo. Ver los logos de Facebook y Twitter por todos lados me aburre un poco. Síguenos, dicen todos, absolutamente todos. Hasta me alegra encontrar un blog o sitio web sin esos logos. Yo ya quité el de facebook de esta página.
Cuando se podría disfrutar de un hermoso atardecer en la playa, de repente suena la blackberry. En medio de una plática amena en un buen lugar, suena el iPhone. Nos enojamos al enterarnos de que el destino que visitamos no tiene una aplicación turística para android. Un hotel o restaurante ya no son sólo evaluados por su comida y servicios, sino por si tienen wifi, facebook o están listados en Google Maps. En los aeropuertos sin wifi se mira gente desesperada porque no puede ver su correo o sus últimos mensajes del Twitter. Especialistas escriben todos los días sobre una nueva aplicación, sobre la obligatoriedad de la presencia en redes sociales, sobre la última aplicación del iPad para los viajeros.
¿No será que estamos exagerando con la importancia de lo digital? Viajar antes no incluía móviles ni tablets ni aplicaciones. No había necesidad de postear la última foto en el Facebook. Y la gente era igual de feliz viajando por el mundo. Me parece que a veces es el smartphone el que posee a la persona, cual si fuera un espíritu. Las herramientas son útiles, claro está, pero dudo de su verdadera utilidad cuando éstas son las que terminan poseyendo a su propio dueño y haciéndolo además esclavo del wifi, de las actualizaciones y de las aplicaciones.
Quizás de vez en cuando sea interesante viajar a la antigua, como antes. Caminar por ahí sin un móvil con roaming a cuestas. Sin preocuparse de si hay retuits. Como antes, como cuando ni siquiera era posible que existiera esta página web en donde lees este texto.