OssiUrlaub, una pequeña agencia de viajes alemana, decidió hacer una oferta de vuelos peculiar. A un costo de 499 euros, los viajeros suben vestidos al avión, se desvisten adentro y al llegar al destino se vuelven a vestir para bajar. El vuelo dura una hora, parte de la ciudad de Erfurt para llegar a la isla de Usedom, en el mar Báltico.
Después de la cobertura de varios medios, la agencia se vió desbordada por los interesados en el vuelo nudista y su página web pasó de 150 visitas diarias a más de 22.000. La agencia va dirigida especialmente a los habitantes de la extinta República Democrática Alemana (RDA), en donde el nudismo era muy popular antes de la caída del muro de Berlín.
Con el éxito de la propuesta, Enrico Hess, director de la empresa, piensa abrir nuevas rutas y hacer paquetes turísticos que incluyan paseos y hoteles.
Vía | El Universal (Agencia EFE)
Foto | MDZ Online
Hace algún tiempo circuló en algunos medios y blogs detalles y fotos sobre la Carretera de la Muerte, una vía boliviana que comunica a La Paz (capital de Bolivia) con Coroico, capital de la provincia de Nor Yungas. Esta carretera desciende 3.600 kilómetros de desnivel en sólo 64 kilómetros de recorrido. La vía es muy angosta y los vehículos se veían en serios problemas para transitarla y los accidentes eran frecuentes. En la actualidad no transitan vehículos porque hay una carretera asfaltada que cumple el cometido.
Este aparatito puede ser útil cuando viajamos a otros países y el idioma es una barrera para comunicarnos. El Talking Translator “habla” 12 idiomas: Francés, alemán, español, italiano, ruso, japonés, chino mandarín, sueco, portugués, holandés y turco.
En la fotografía que ilustra este post, vemos a la tenista Serena Williams darse un baño que cuesta sólamente 5 mil dólares (3.400 euros) en el
Uno de los martirios de la clase turista en los viajes por avión largos, es el asiento, muchas veces incómodo.
La organización católica Cáritas recoge cada año 600.00 euros de la Fontana de Trevi, la fuente más famosa de Italia, ubicada en Roma. Los visitantes suelen lanzar una moneda a la fuente y pedir un deseo.