Una aventura en Roma

Fontana de Trevi, por Denis Jarvis

Ariana, una amiga viajera me cuenta por chat de su aventura en Roma. El mes pasado cumplía al fin su deseo de visitar la ciudad y estaba emocionada. Viajaba de Madrid a Roma y el vuelo y la llegada transcurrieron sin problemas. La ciudad, como la imaginaba, majestuosa y entretenida. Ariana siempre va informada a los lugares que visita. Arma su propio tour por el lugar y va a su ritmo. Como es muy sociable casi siempre encuentra compañía en el viaje. El italiano que se encontró en la Fontana de Trevi parecía ser una muy buena compañía.

Giovanni, un italiano muy simpático y apuesto, se acercó a mi amiga Ariana para conversar. Ella sabía que en la Fontana de Trevi a veces los italianos se ponen muy amigables con las turistas, para ver qué logran robarles y en otros casos algo más grave. Giovanni no parecía alguien que pudiera hacerle daño pero no se confió. La conversación con vista a la fuente fue amena y en español, porque el nuevo amigo había vivido algunos años en España. Él le compró un helado y al finalizar de comer, sugirió dar un paseo por la ciudad. Ariana se negó y le dijo que mejor mañana, y Givanni no insistió. Conversaron durante algún tiempo más y el italiano simpático se fue. En el camino de regreso al hostal donde se hospedaba, mi amiga se preguntaba si no debió aceptar el paseo con el italiano. Quizá hasta hubiese habido buen sexo.

Con este pensamiento llegó al hotel, cansada de caminar todo el día y con el recuerdo de Giovanni fresco en la memoria. Pensó que se había enamorado. Luego buscó en su bolso dinero para comprar una botella de agua pero al buscar en su cartera por el efectivo se encontró con que ya no tenía los 300 euros con que había salido por la mañana.