En Prensa.com leo un artículo que se titula “La revolución de los viajeros“. Como varios otros que han salido por ahí, ofrece un punto de vista entusiasta en cuanto a las nuevas formas de buscar recomendaciones y viajes:
El usuario de las webs de viajes ha pasado de comprar billetes y reservar hoteles a explicar sus propias experiencias a través de las comunidades de viajeros, a las que se accede a través de registros gratuitos. O sea, ha pasado de consumidor pasivo a consejero activo, prácticamente sin intermediarios. Y en esas redes sociales el futuro viajero encuentra desde hoteles recomendados hasta propuestas de destinos, desde avisos sobre peligros vividos en determinada ruta hasta nuevos compañeros de viaje.
Esto es cierto en parte. La mayoría de usuarios son consumidores de información y se tienen estadísticas fiables de que menos del 1% de los usuarios genera contenido en la web. En donde sí estoy de acuerdo, es en que probablemente el internauta confíe más en una reseña hecha por un usuario que en las gacetillas publicitarias tradicionales. Aunque habría que ver números para estar totalmente convencidos.
Internet ha venido sin duda a revolucionar muchas cosas, pero aún falta. Esa libertad para decir lo que pensamos no siempre se utiliza de manera ética, ya no hablemos de ética de blogs o medios, sino de ética a secas. Las empresas y los usuarios deben tenerlo en cuenta. Pero ojo, las empresas no tienen por qué venir a censurar al usuario.


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